Los clientes del lugar se cuentan por generaciones. Algunos conocieron el restaurante desde la silla infantil y ahora vuelven reiteradamente al sitio para sostener almuerzos de negocios. El ambiente tiene un aire familiar donde los saloneros llaman a los asiduos visitantes por su nombre y los clientes encuentran la amable atención de viejos conocidos como “Jiménez”, quien suma ya 41 años de trabajar en el lugar.



